«¿Cuánto VO₂máx tiene Pogačar?» «¿Cuántos vatios mueve Vingegaard en un puerto?» Son de las búsquedas más repetidas del ciclismo. Nos fascina asomarnos a los números de los extraterrestres que dominan el pelotón —Tadej Pogačar, Jonas Vingegaard, Remco Evenepoel— como si esas cifras encerraran el secreto de la grandeza.
Para cerrar esta serie sobre genética y rendimiento, vamos a hacer justo eso… pero con la honestidad que nos ha acompañado en los seis artículos anteriores. Vamos a ver qué sabemos de verdad de la fisiología de los campeones, qué es pura estimación o rumor, y por qué —spoiler— eso es, en sí mismo, la mejor lección para terminar. Y una regla que respetaremos a rajatabla: no vamos a inventar datos, ni fisiológicos ni, mucho menos, genéticos.
Primer aviso: sabemos menos de lo que parece
Aquí va la primera verdad incómoda: la mayoría de las cifras que circulan sobre estos corredores son estimaciones o rumores, no datos de laboratorio publicados. Los equipos guardan esos números como oro en paño, por estrategia. Lo que ves en redes suele ser un cálculo hecho desde fuera (a partir de sus tiempos en las subidas) o un dato suelto de hace años, muchas veces sin confirmar.
Y sobre su genética, sencillamente: no hay datos públicos. Así que, fieles a lo que hemos defendido toda la serie, no vamos a inventarlos. Trabajaremos solo con lo que es público y razonable, y lo etiquetaremos como lo que es.
Qué SÍ sabemos (o podemos estimar con criterio)
Una potencia sostenida que roza lo increíble. Por sus registros en carrera se estima que los grandes escaladores actuales pueden sostener del orden de 6,5 a 7 vatios por kilo (o más) durante 20-40 minutos en un puerto. Para ponerlo en contexto, en la época de Froome se hablaba de unos 6,0-6,2 W/kg como referencia de élite: el listón ha subido. De Vingegaard, por ejemplo, se ha estimado que sostuvo alrededor de 7,6 W/kg en los últimos 15 minutos de una crono. Son cifras de otra galaxia… y, recuerda, estimaciones desde fuera, no un dato de laboratorio.
Un motor aeróbico y un manejo del lactato excepcionales. Aquí hay algo sólido y atribuible, y que cierra el círculo de esta serie de maravilla. El fisiólogo Iñigo San Millán —sí, el mismo de la Zona 2 y la lanzadera de lactato de nuestros artículos— es el preparador de Pogačar, y ha comentado públicamente que el esloveno tiene unas mitocondrias «espectaculares» y una capacidad de aclarar lactato extraordinaria. ¿Recuerdas la «fábrica» y los transportadores MCT? Pues esto es esa fábrica llevada al extremo: Pogačar puede ir durísimo manteniéndose en metabolismo aeróbico, quemando grasa, ahorrando glucógeno y reciclando lactato a un nivel que casi nadie alcanza.
Y ojo, no es solo el VO₂máx. El propio San Millán ha señalado algo que ya vimos en el artículo del VO₂máx: que ese número no es tan predictivo como se cree, y que ha visto a personas con el mismo VO₂máx rendir de forma radicalmente distinta por factores «periféricos» como la eficiencia metabólica y el aclaramiento de lactato. En otras palabras: lo que hace únicos a estos corredores no es un solo dato, sino un paquete completo —motor, economía, manejo del lactato— afinado al máximo.
Qué NO sabemos (y no vamos a inventar)
Sus VO₂máx exactos. Circulan cifras, pero se contradicen entre sí, lo que demuestra lo poco fiables que son. Un ejemplo real: de Vingegaard se ha llegado a hablar de un VO₂máx de ~97 ml/kg/min de júnior… y también de valores «en los 80 bajos». No pueden ser ciertas las dos, y ninguna está confirmada oficialmente. Cuando veas un número redondo y rotundo sobre un profesional, sospecha: casi siempre es una estimación disfrazada de certeza.
Su genética. No está publicada, y por tanto cualquier afirmación del tipo «tiene el gen tal» es humo. Como vimos en los artículos 3 y 4, ni siquiera con su ADN delante podríamos «explicar» su talento con unos pocos genes: el rendimiento es poligénico y ningún test lo predice.
Seamos claros también en un punto delicado: cifras tan altas alimentan debate y escepticismo, y como aficionados no tenemos acceso a datos verificables. Precisamente por eso, en MFPP preferimos centrarnos en principios que sí podemos comprobar y aplicar, en lugar de idolatrar números que no podemos confirmar.
La lección de la serie, hecha campeón
Y aquí está el broche. Estos corredores son la demostración viviente de todo lo que hemos contado en esta serie. No llegaron a lo más alto por un gen ni por un número mágico, sino por la combinación de:
- Una genética excepcional: cartas altísimas que la inmensa mayoría no tenemos (y que nadie eligió).
- Años de entrenamiento de élite bien dirigido: encendiendo y exprimiendo esa fábrica día tras día (¿recuerdas la epigenética?).
- Un entorno y un equipo enormes: medios, ciencia, apoyo, oportunidades.
- Una cabeza y una táctica de campeón: los duelos entre Pogačar y Vingegaard son tanto de ajedrez como de piernas. Como dijimos, el más fuerte no siempre gana; el que mejor decide, sí.
Ningún test genético predijo que serían quienes son. Son genes + trabajo + entorno + cabeza, la ecuación completa. Su talento existía como potencial, pero solo se convirtió en maillots porque se pasó por miles de horas bien invertidas.
Por qué NO debes compararte con ellos
Esta es, quizá, la conclusión más práctica de todo el artículo y de toda la serie. Los números de los campeones —reales o estimados— están cerca del límite de lo que el cuerpo humano puede dar, y son irrepetibles para el 99,99% de los mortales. Compararte con ellos, o comparar a un chaval con ellos, no te informa de nada útil y solo desmotiva.
Los campeones son inspiración, no vara de medir. Admíralos, aprende de cómo entrenan y de cómo compiten, disfruta de sus duelos… y luego vuelve a lo único que de verdad te dice cómo vas: compararte contigo mismo, tu progreso en tu propia curva. Ese ha sido un estribillo de toda la serie, y no es casualidad.
Cadetes y juveniles: ídolos sí, etiquetas no
Para un corredor joven, tener ídolos es maravilloso: motivan, dan sueños, enseñan valores de esfuerzo. Lo que no puede pasar es que sus vatios se conviertan en una vara para medir (o frustrar) a un chaval de 15 años. Que admiren a Pogačar o a Vingegaard todo lo que quieran; que se comparen con ellos, jamás. Su camino es el suyo, con sus cartas y sus tiempos.
Conclusión: los campeones confirman la regla
Cerramos la serie donde la empezamos, pero con todas las piezas en su sitio. Los mejores del mundo son la prueba definitiva de nuestra tesis: la genética reparte las cartas —a ellos les tocaron cartas altísimas—, pero solo se convierten en victorias con trabajo, entorno y cabeza. La biología pone el techo; lo que haces decide cuánto te acercas a él. Y aquí está la buena noticia para ti, que no eres Pogačar (ni falta que hace): casi seguro estás lejísimos de tu propio techo, y ahí, en ese margen enorme, es donde se juega tu partida.
En MFPP Cycling no entrenamos para que seas otro, sino para que llegues a tu mejor versión: con entrenamiento por potencia, análisis de datos y trabajo de cabeza, jugando lo mejor posible las cartas que tú tienes. Si quieres exprimir tu potencial —el tuyo, el real—, descubre el método de MFPP Cycling y demos juntos el siguiente paso.
No te midas con los campeones. Inspírate en ellos y bate al único rival que importa: tú mismo de ayer.
Con este cierra nuestra serie de siete artículos sobre genética y rendimiento en el ciclismo: (1) por qué no todos mejoran igual, (2) la genética del VO₂máx, (3) los genes de la resistencia, (4) los test genéticos, (5) epigenética y entrenamiento, (6) ¿talento o entrenamiento? y (7) la fisiología de los campeones. Gracias por acompañarnos. La genética reparte las cartas; tú juegas la partida.




